Bombardean Irán 'en defensa propia' y Trump dice que 'no es una guerra'
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El ejército estadounidense ejecutó una serie de ataques calificados como 'defensivos' contra la isla iraní de Qeshm, en el estrecho de Ormuz, en plena víspera de las elecciones de medio mandato. Mientras el presidente Trump y el vicepresidente JD Vance aseguran que hay 'progresos' diplomáticos y niegan que exista una guerra, Teherán desmiente cualquier avance y Estados Unidos reconoce ataques limitados ejecutados en secreto en las últimas semanas.
Estados Unidos volvió a atacar territorio iraní y lo hizo precisamente en la víspera de las cruciales elecciones de medio mandato, en las que el partido republicano del presidente Donald Trump se juega el control del Congreso y puede que incluso del Senado, debido en gran medida a la guerra con Irán.
Funcionarios citados por medios de comunicación estadounidense informaron este martes de que el ejército llevó a cabo una serie de ataques definidos como "defensivos" en la isla iraní de Qeshm, situada en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta.
Poco antes, la agencia de noticias oficial iraní IRNA, entre otros medios nacionales del país, había informado de cinco explosiones registradas en Qeshm de forma consecutiva y aparentemente en el interior de la isla. Residentes de ese lugar señalaron el avistamiento de dos aviones volando en la zona, aunque no se pudo confirmar si las explosiones estaban relacionadas. Las autoridades locales y provinciales iraníes no habían dado por el momento ninguna información oficial sobre lo ocurrido.
El ejército estadounidense justificó esos ataques supuestamente "defensivos" con el argumento de que Irán estaba planeando utilizar misiles tierra-aire contra activos estadounidenses en la región, según afirmó uno de los funcionarios a la cadena CNN. Otros dos responsables de la Administración de Trump precisaron, en declaraciones a NBC y ABC, que estos ataques no implican la reanudación de las hostilidades a gran escala contra la República Islámica.
Esta operación es, el último de una serie de ataques limitados que Washington ha llevado a cabo en secreto contra Irán en las últimas semanas, tras la última gran oleada de bombardeos a inicios del mes de septiembre.
Esta nueva andanada militar sucedió pese a las recientes declaraciones del presidente Trump, en las que se mostraba optimista sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo diplomático y restaba importancia a la posibilidad de que se reanudara la guerra con Irán tras las elecciones de mitad de mandato.
Las fuentes citadas aseguraron que no están previstos nuevos ataques contra territorio iraní, al menos de momento. Mientras tanto, el presidente Trump, que ha estado haciendo en los últimos días declaraciones contradictorias sobre la posible reanudación de la guerra una vez pasadas las elecciones, afirmó este lunes en sus redes sociales que un acuerdo con Irán es aún posible.
En una entrevista con la cadena conservadora Fox News, emitida el lunes por la noche, el republicano añadió que lo que sucede entre su país e Irán "no es una guerra".
Lo que pasa entre Estados Unidos e Irán "no es una guerra".
El vicepresidente JD Vance declaró el mismo día que ha habido "progresos" en la negociación con Irán y que tanto él como Trump se sentían "bastante optimistas" sobre las posibilidades de llegar a un acuerdo y evitar así el retorno al conflicto activo.
Estas declaraciones se producen en un momento de intensos esfuerzos diplomáticos, con Qatar actuando como intermediario clave, para evitar un posible retorno al conflicto activo tras las elecciones. Sin embargo, los principales escollos para ese pacto aún no se han resuelto y no está claro si las afirmaciones de Trump y de su vicepresidente se refieren a progresos reales en las negociaciones, o bien si se dirigen a tranquilizar a una opinión pública que se opone a la guerra cuando los estadounidenses están llamados a las urnas.
Teherán se apresuró ya a enfriar ese supuesto optimismo. Irán y Estados Unidos están lejos de alcanzar un acuerdo para poner fin a la guerra, según dijo un alto cargo iraní a la agencia Reuters.
Irán no está dispuesto a aceptar las "exigencias excesivas" de Washington.
La República Islámica se niega en redondo a aceptar, por ejemplo, renunciar a sus reservas de más de 400 kilos de uranio altamente enriquecido y transferirlas a un tercer país, como le exige Estados Unidos. Irán condiciona además una paz duradera a la salida de las tropas estadounidenses de las bases en los países del golfo Pérsico.
El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbás Araghchí, aseguró este martes en una entrevista con el canal de televisión catarí Al Jazeera que Irán aspira a un marco de seguridad regional con los países de la región "lejos de cualquier presencia extranjera".
El jefe de la diplomacia iraní confirmó también que su país está negociando con Arabia Saudí, uno de los países que ha sufrido ataques iraníes de represalia desde el inicio de la guerra en febrero y que está sometido ahora a una intensa campaña de bombardeos de los rebeldes hutíes de Yemen, una milicia aliada de Irán que ha armado y entrenado a sus combatientes, si bien el grupo mantiene un elevado grado de autonomía.
Casi al mismo tiempo que Estados Unidos anunciaba los ataques contra Qeshm, la Guardia Revolucionaria Islámica, el poderoso ejército paralelo iraní, anunciaba la supuesta interceptación y destrucción de un dron MQ-9 Reaper estadounidense, asegurando que se trata del número 55 que derriba.
A esta cifra ha sumado las 14 unidades de drones del modelo MQ-1 Predator cuyos derribos también reivindica. La agencia iraní de noticias Tasnim, vinculada al citado cuerpo militar, aseguró que la propia Guardia Revolucionaria ha derribado también otros dos drones de reconocimiento estadounidenses correspondientes al modelo MQM-170, en una operación realizada al sur de la isla de Qeshm.
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