MIÉRCOLES, 7 DE OCTUBRE DE 2026 / EDICIÓN CDMX
Suscríbete

NOPAL/TIMES

EL CAOS MEXICANO, EDITADO · DESDE EL TERRITORIO, PARA EL TERRITORIO

19.4326° N / 99.1332° W SYS.CDMX :: ONLINE 12:00:00 ▮
Ahorita
// EL FACTURERO // El peso camina hacia 19; Hacienda ya pronostica un promedio de 19.3 para 2026 ◆ // LA GRILLA // Se le partió el aumento al IMSS: 8% pero sólo 4% llega al sueldo, y a los trabajadores no les cuadró la cuenta ◆ // EL MEXICO REAL // Los que nos curan están en la calle: IMSS enfrenta su tercera protesta y los sanitarios piden la cabeza de su sindicato ◆ // EL COCHINITO // Tener cuenta Afore no garantiza pensión: experta explica por qué el retiro de los jóvenes está en aprietos ◆ // EL MEXICO REAL // Sin aire y sin indicaciones: pasajeros atrapados una hora entre estaciones de la Línea 12 ◆ // LOS ESTADOS // El ciclón Vance llega a México con lluvias de hasta 100 mm, olas de 3 metros y vientos de 60 km/h ◆ // LOS ESTADOS // 'Vance' se cobra casi todo el país: lluvias intensas en Sinaloa y precipitaciones fuertes en gran parte de México ◆ // EL FACTURERO // El peso camina hacia 19; Hacienda ya pronostica un promedio de 19.3 para 2026 ◆ // LA GRILLA // Se le partió el aumento al IMSS: 8% pero sólo 4% llega al sueldo, y a los trabajadores no les cuadró la cuenta ◆ // EL MEXICO REAL // Los que nos curan están en la calle: IMSS enfrenta su tercera protesta y los sanitarios piden la cabeza de su sindicato ◆ // EL COCHINITO // Tener cuenta Afore no garantiza pensión: experta explica por qué el retiro de los jóvenes está en aprietos ◆ // EL MEXICO REAL // Sin aire y sin indicaciones: pasajeros atrapados una hora entre estaciones de la Línea 12 ◆ // LOS ESTADOS // El ciclón Vance llega a México con lluvias de hasta 100 mm, olas de 3 metros y vientos de 60 km/h ◆ // LOS ESTADOS // 'Vance' se cobra casi todo el país: lluvias intensas en Sinaloa y precipitaciones fuertes en gran parte de México ◆

Los que nos curan están en la calle: IMSS enfrenta su tercera protesta y los sanitarios piden la cabeza de su sindicato

NT

POR REDACCIÓN NOPAL

30 DE OCTUBRE DE 2026 // 07:29 CDMX · 19.4326°N

LECTURA: 4 MIN
Los que nos curan están en la calle: IMSS enfrenta su tercera protesta y los sanitarios piden la cabeza de su sindicato
REC ● 19.4326°N
Juan Manuel Ramírez, María Isabel Corral, Zuiry Hernández, Alejandro Borjas, Rocío Martínez e Israel Palacios.Nayeli Cruz, Elena San José

Profesionales de salud de todo el país vuelven a las calles por tercera vez en un mes para exigir una alza del 10% y la renuncia del presidente del sindicato, Rafael Olivos. La subida del 2.9% pactada entre la dirigencia y el Gobierno —0.70 puntos por debajo de la inflación— fue la gota que colmó un hartazgo acumulado por falta de equipos, medicamentos y especialistas.

La pequeña subida salarial pactada entre la dirigencia sindical y el Gobierno fue solo la gota que colmó el vaso. Antes de eso, dicen los sanitarios, ya estaba el hartazgo acumulado por la falta de equipos, de medicamentos y de especialistas. También estaban ya los profundos recelos hacia la cúpula de un sindicato, denuncian, que hace tiempo que no escucha a sus trabajadores.

Para cuando unos y otros acordaron el alza del 2.9% sobre el salario base —0.70 por debajo de la inflación—, los ánimos ya estaban más que prendidos. En un intento de aplacarlos, el director del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Zoé Robledo, anunció esta semana un plan de acción con 12 medidas a implementar en los próximos cuatro meses.

Las propuestas incluyen un alza directa del 4% y otro 4% en prestaciones, la estabilización de 11.000 trabajadores y la contratación de 2.500 especialistas, además de la compra de equipos y el refuerzo de las urgencias. Se trata de un desembolso de algo menos de 12.000 millones de pesos (unos 620 millones de dólares) que no ha conseguido, sin embargo, frenar las protestas.

Este viernes, profesionales de todo el país vuelven a las calles por tercera vez en un mes para reclamar un aumento directo del 10% y la cabeza del presidente del sindicato, Rafael Olivos. Si cae él, apuntan todos, se generará un "efecto dominó" que desbloquee lo demás.

"Hemos llegado al hartazgo, por eso nos encontramos en las calles y no en los hospitales".

Así lo dicen en los dos plantones que mantienen en las puertas del IMSS y del sindicato en la capital. "Esto es un problema social, no solo interno. La sociedad debería estar interesada, el que está siendo más afectado es el derechohabiente", sostienen.

Desde su pequeño cuartel, seis profesionales de distintas categorías —de los 36.000 pesos netos a la quincena a los 4.000— relatan las carencias con las que conviven día a día y sus razones para marchar.

Israel Palacios (50 años) no descubrió su vocación hasta que vio el trato que los sanitarios daban a los pacientes. Tenía 19 años y acababa de entrar al IMSS para lavar pisos. "Se me hizo interesante aprender cómo mover los cuerpos cuando están enfermos. Tiene su técnica", dice este camillero del Estado de México al que le faltan dos años para jubilarse. Ahora lo que más le gusta es sentir que aporta algo a la "humanidad", hacer algo "con cariño". "Aunque no tengas el título de médico, tienes el conocimiento de cómo salvar una vida", dice orgulloso y tranquilo. No quiere que sus pacientes se sientan "un bulto de huesos".

Si uno le pregunta por las deficiencias a las que se enfrenta, los ejemplos se acumulan uno tras otro, sin tregua. "En una ocasión nos dieron una ambulancia sin frenos. Teníamos que hacer el servicio, porque si no se hace la hemodiálisis a la persona, se le hace ácida la sangre, y para ellos es fatal", relata. Afortunadamente y gracias a "la pericia del operador", consiguieron llegar a tiempo y sin problemas, pero la historia podría haber sido otra.

"Los cinturones para las camillas no hay cómo sujetarlos, improvisamos con sábanas y vendas. Ambulancias que están funcionando de repente se quedan sin luces y sin sirena".

No siempre tienen suerte. "A veces tienes solo tres ambulancias y 10 servicios, y hay pacientes que no llegan a tiempo y pierden su cita, tienen que reprogramarla y otros dos, tres meses. Es lo más frustrante que llego a sentir", lamenta Palacios, que trabaja en el turno de noche y, de día, lleva varios puestos en un tianguis en su localidad. Tiene tres hijos que mantener y eso hace que no se "apachurre". "Al final del día abres el refrigerador y ves que sí hay comida, y qué chido". Sobre la subida salarial, lo tiene claro: "Es una burla".

María Isabel Corral (59 años) lo que le obsesionan son los procesos. Muchas veces existe el material, pero no está donde tiene que estar o no ha llegado a tiempo o lo tiene quien no tiene que tenerlo. Otras veces, señala esta anestesista de Monterrey, el problema está en el mantenimiento. "Se echan a perder equipos casi nuevos", lamenta la médica, que señala que cualquier pequeño detalle puede forzar la suspensión de una cirugía importante. "A veces falta un material tan pequeño que es mejor ponerlo nosotros para no suspenderla y que el paciente tenga que volver a hacer todo el trámite", señala.

Corral viene de familia de sanitarios y para ella siempre estuvo claro el camino. Se ha especializado en el dolor por cáncer y lo que más le preocupa es que tengan "una buena calidad de vida". "Yo nací para servir. El que no nace para servir, no nace para vivir", dice rotunda. Tiene claro lo que la trae aquí y lo argumenta con pasión.

"Estoy en la lucha por las jubilaciones. Los que somos de la vieja guardia, tenemos pensiones. Nos faltaron al respeto al área médica que sacamos adelante la salud pública. No es posible que nuestros patrones aceptaran quitárselas".

Se queja en referencia al cambio que pactaron hace dos décadas para sustituir el sistema público por el de administradoras privadas o afores. Ve bien las propuestas de Robledo, siempre que Olivos se marche, pero es incrédula: "En tres meses quieren arreglar lo que no se arregló en años. Es increíble y Dios quiera lo cumpla, porque eso queremos".

Alejandro Borjas (36 años) ha desembarcado desde Coahuila y representa a su Estado en las negociaciones con el Gobierno y la dirigencia sindical, las últimas, del 8 de octubre, fallidas. Él se entusiasma cuando ve la mejora rápida, por eso es enfermero en urgencias, además de brigadista, rescatista y bombero. "Manejo el estrés en situaciones difíciles", justifica, y siente la "motivación" y la "responsabilidad" de llevar un uniforme con el que la gente le respeta. "El caos llega", contrapone, "cuando entras al hospital".

Él viene de un centro rural en que se convirtió en hospital general por pura necesidad, dice, pero los servicios escasean. "La diabetes es una de las enfermedades más comunes, y no hay nefrólogos. Se está tratando a los pacientes de la diálisis con médicos y enfermeros generales, no con la especialidad que debería", ejemplifica. Eso implica, por ejemplo, no saber cómo manejar el catéter que se inserta en el abdomen. Lo solucionan con "espontaneidad", la palabra más repetida en todas partes, junto con la "improvisación".

Eso plantea varios problemas, dice. Por un lado, "los familiares hoy saben mucho de sus padecimientos, gracias a los celulares y la IA. Aunque no sea una información concreta, saben mucho y nos exigen". Lo otro es peor: "Cuando no tienes un seguimiento del tratamiento, nada de lo que haces es contundente. Todos tus esfuerzos son insuficientes para darle salud al paciente". La oferta de Robledo le parecen anuncios que no se trasladan a la realidad.

"Ellos dicen, pero la realidad es que los pacientes salen con su tratamiento incompleto y vuelven más deteriorados de lo que deberían para la evolución natural de su enfermedad".

Rocío Martínez (41 años) siguió los pasos de su mamá y se convirtió en enfermera, como ella. "Me llevaba y le ayudaba a hacer y separar gasitas", recuerda. Lleva 18 años en el servicio y el sentimiento que le brota cada poco es la "sobrecarga de trabajo". "Terminas fastidiada, no porque no te guste la profesión", señala. Su voz es dura y orgullosa cuando habla de cómo canaliza, con "sangre fría", las vías a los recién nacidos, pero se quiebra cuando recuerda a una paciente de 10 años que hace un año y medio no logró sobrevivir. Le recuerda a su hija, confiesa.

"Llegó por probable dengue hemorrágico. En el momento en que se la llevaron al ultrasonido, el tanque de oxígeno no daba para más, entonces no pudieron siquiera llegar al servicio", recuerda. Eso retrasó el diagnóstico, dice, y aunque no cree que el desenlace tuviera que ver con ello, le "pudo mucho" que "no tuvieran lo necesario en el departamento". "Son ese tipo de situaciones en las que dices: si tuviéramos un equipo en urgencias, se agilizarían las cosas", apunta.

Martínez, que también viene de Coahuila, completa su pequeño sueldo con tiempos extra y sustituciones. Con todo, la subida salarial es lo que menos le importa. "El objetivo más grande es recuperar el régimen de jubilación y pensiones. Para eso necesitamos que los que están ahorita salgan del sindicato", no deja margen para la duda. Primero, la cabeza de Rafael Olivos. Luego, todo lo demás.

Juan Manuel Ramírez (36 años) lo que lleva con orgullo es su historial dentro del IMSS. Hijo de una asistente médica, supo que sería médico mientras se escondía "bajo su falda o atrás de los archiveros". Empezó como auxiliar de servicios de intendencia con 16 años y no ha abandonado el instituto desde entonces. "Soy hijo de la institución, en todos los aspectos. Aquí me formé como persona, como trabajador. Mi compromiso va más allá de lo económico", argumenta este foniatra de Colima.

Ramírez va directo al grano y ejemplifica: "Mi laringoscopio hace aproximadamente cinco años que no sirve". En muchas ocasiones acaba mandando a los pacientes al otorrino, porque "conserva un equipo funcional", pero la frustración es mayúscula. "Algunos médicos usan un espejo, como al principio de los tiempos, pero en mi caso no es tan funcional, porque tenemos que evaluar la voz en acción", explica. Esa es la punta del iceberg de un sistema que pierde especialistas cada día, dice: "Han renunciado cuatro urólogos, cuatro traumatólogos…".

También él representa a su Estado en lo que han llamado el 37+1, la delegación disidente de la dirigencia que encabeza las negociaciones (uno por cada entidad, más otro en nombre de los jubilados). "Nos dimos cuenta de que sindicato y empresa eran lo mismo", denuncia. Su objetivo para este viernes, dice, es seguir dando visibilidad y lograr que se sumen el resto de los sectores.

Zuiry Hernández (42 años) entró al IMSS casi de casualidad. Abogada de profesión, atravesaba una situación familiar complicada cuando se le presentó la oportunidad de trabajar como administrativa, y la aceptó. Trabaja en el turno nocturno y es quien recibe a los pacientes cuando llegan a solicitar una consulta. "Es bonito porque tienes el primer contacto con ellos, aunque no seas quien los va a curar. Pero a veces se torna complicado porque, si no se les atiende oportunamente o no hay medicamentos, el reclamo viene para nosotros", lamenta, y agrega: "De un tiempo a la fecha, ha sido muy recurrente. Creen que no nos importan como pacientes, pero son cosas que no están a nuestro alcance".

Hernández, que vive y trabaja en la capital, trata de ser empática y "mediar", pero juzga duramente la acción del Gobierno. "Dicen que invierten millones de pesos, pero es infraestructura barata, remodelaciones que duran una semana", se queja. "La gente viene enferma, se va y regresa en tres días por el mismo padecimiento. No hay eficacia", dice también.

"Si no, el trabajador está perdido. No tenemos quien nos defienda".

Sus críticas más fuertes, sin embargo, son para la dirigencia sindical, a la que pide su renuncia inmediata. El Gobierno no puede destituirlos directamente, reconoce, pero "sí puede exigirles procesos transparentes".

[REGISTRO DE FUENTES Y COBERTURA CONSULTADA]

← VOLVER A LA PORTADA MÁS EN EL NOPAL →