La contrató por verla en la tele, sin revisar nada, y la despidió en cinco días
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Katie Zacharia fue destituida de la vocería de la Casa Blanca después de cinco días, el período más breve en la memoria de cualquier administración estadounidense. Antes de salir, las asesoras del presidente admitieron que nadie había revisado su expediente.
La vocería de la Casa Blanca tiene nuevo récord de velocidad, y no es para presumirlo. Katie Zacharia fue despedida del cargo el viernes, después de apenas cinco días al frente del podio más importante de la prensa estadounidense: el período más breve registrado en la memoria de cualquier administración del país.
El despido llegó sin previo aviso para ella. Ese mismo viernes, después de una conversación franca con el presidente, Donald Trump le recomendó reconsiderar su puesto.
«Si fuera yo, te lo pensaría», le dijo Trump, según relató el propio mandatario.
Minutos antes, en la misma mañana, Zacharia había dicho a reporteros reunidos a las puertas de la Casa Blanca que estaba lista para trabajar con ellos y que los invitaba a buscar su número telefónico. Cuatro horas después, ya no tenía oficina.
El desenlace fue el capítulo final de una novela de la burocracia presidencial que arrancó con una decisión espontánea y terminó con una evaluación contundente del propio Trump.
«¿Es esto para ti, Katie? Porque honestamente, no necesitas esto», le dijo el presidente.
El debut que nadie olvidará
Todo se precipitó el martes de la semana pasada, cuando Zacharia encabezó su primera rueda de prensa. La sesión duró apenas 14 minutos y las reacciones no tardaron: las críticas fueron prácticamente unánimes.
La nueva vocera leyó un guion laudatorio sobre la trayectoria de Trump con dudosa fluidez, y cuando llegó el turno de las preguntas de los periodistas, no pudo responder si Estados Unidos había cortado el intercambio de inteligencia con Ucrania: una consulta que cualquier asesor con experiencia habría anticipado.
Los materiales de su briefing no se terminaron de preparar hasta 90 minutos antes de que entrara a la sala. Se había levantado a las 3:00 de la mañana a prepararse, tras un vuelo de ida y vuelta entre Washington y California, pero ni la madrugada ni el esfuerzo fueron suficientes.
«Algunos tienen lo que se necesita y otros no. Ella no. No pudo imponer presencia en la sala», dijo un funcionario de alto nivel de la administración.
Zacharia sí anunció el mismo día que Kimberly Guilfoyle había sido solicitada para renunciar a su puesto como embajadora en Grecia, un anuncio que ella posteriormente usó como ejemplo de que la sesión había sido un éxito.
«Creo que soy una de las pocas voceras de prensa que ha anunciado cambios de personal de la administración», dijo más tarde en la semana, cuando su futuro ya se veía sombrío. «Y me sentí honrada de que el presidente Trump confiara en mí para entregar esa información».
Resultó que ese fue el único dato real que entregó en el cargo.
¿Alguien la revisó?
La pregunta que más caló entre los asesores del presidente fue la más simple y, a la vez, la más devastadora.
«¿Alguien la revisó?», preguntó uno de ellos, incrédulo, después de ver la rueda de prensa.
La respuesta corta fue que no. Zacharia nunca fue sometida a un de verificación. Su selección fue producto de la frustración de Trump, quien, a un mes de las elecciones de mitad de período, se sentía sin voces en la televisión que defendieran su mensaje frente a la cobertura creciente sobre el declive de las perspectivas republicanas.
El presidente no había mostrado urgencia por llenar el puesto desde que Karoline Leavitt lo dejó al final del verano. Los asesores habían propuesto nombres, pero ninguno llamó seriamente su atención. Los funcionarios de la Casa Blanca se habían resignado a la posibilidad de que no hubiera vocero hasta después de las elecciones.
Entonces apareció una voz que Trump reconocía de la televisión: Katie Zacharia, habitual de los programas de noticias por cable, defensora apasionada y a veces presentada como abogada en pantalla. El presidente la mencionó ante sus asesores, incluida la jefa de gabinete Susie Wiles, y buscó también el consejo de Leavitt.
Solo una semana antes, Zacharia no estaba en ninguna lista de candidatos. Los funcionarios habían ido acortando los nombres posibles, pero uno tras otro caían por haber dicho algo negativo del presidente en el pasado. El expediente de Zacharia era «impecable», diría más tarde Trump.
La oferta se produjo de forma espontánea durante una llamada telefónica, a la que Wiles no estuvo presente. Los asistentes apuraron a informarle de la decisión.
«Recibí una llamada maravillosa del jefe de reclutamiento en jefe, el propio presidente, y resulta que ser una gran defensora de todas sus políticas funciona», dijo Zacharia en una entrevista con Fox News el viernes de la semana anterior.
El expediente que no pasó
Las preguntas sobre sus credenciales legales comenzaron a crecer cuando se hizo evidente que Zacharia se había presentado como abogada sin existir evidencia pública de que hubiera aprobado el examen de la barra. Un diario estadounidense reportó que de hecho lo había reprobado, y ella misma lo confirmó en público, argumentando que le habían dicho que podía llamarse «abogada» si no «licenciada».
En redes sociales, sin embargo, ella misma había dado mebrazos a mensajes que la identificaban como «licenciada en derecho». Su defensa pública solo alimentó la percepción de que estaba abrumada, intentando controlar una historia que se salía de control.
Tras una serie de entrevistas combativas en Fox News —incluida su aparición frente a Sean Hannity, amigo personal del presidente, quien la interrogó duramente sobre sus credenciales legales el jueves por la noche— Trump decidió que era insostenible que continuara.
El error en Alaska
Los episodios de inexperiencia no se limitaron a la rueda de prensa. Durante el viaje de Trump a Alaska, Zacharia les informó a los funcionarios de la Casa Blanca que había planeado una entrevista para el presidente con un reportero de Fox News después de un mitin.
Los asesores la advirtieron de inmediato: a Trump no le gusta hacer nada después de sus eventos, una preferencia bien conocida entre su equipo. Zacharia insistió en que sería una buena idea y que el reportero era un amigo.
Cuando Trump bajó del escenario y estaba listo para partir, Zacharia le comunicó el plan. El presidente se irritó visiblemente y dijo que no iba a hacer la entrevista. Acabó cediendo, pero el episodio fue indicativo para quienes lo rodeaban de que Zacharia todavía no entendía al hombre al que ahora servía.
Es más, cuando Trump preguntó a otros asesores senior sobre ella, Zacharia tenía pocos aliados dispuestos a defenderla o respaldar su desempeño. Muchos de ellos le halagaban el trabajo a la cara, pero en privado admitían que no estaba funcionando.
«Tal vez no estaba lista para el horario estelar», comentó Trump ante aliados y asesores esta semana.
El oficial que lo dijo mejor
Uno de los asesores del presidente describió su asombro frente al espectáculo con una pregunta que resumió el espíritu de toda la operación.
«¿Qué chingados está pasando allá?», dijo uno de ellos, incrédulo, después de presenciar la primera rueda de prensa de la nueva vocera.
La oficial de comunicaciones responde
El director de comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, emitió un comunicado para rechazar toda la especulación.
«Todo este alarmismo especulativo es eso, especulación. Y es ficción que ni siquiera es creativa. El hecho es que Katie asumió un puesto muy importante y continuará apoyando al presidente mientras transita a un nuevo rol. Es una compañera extraordinaria y una talentosa profesional».
Zacharia, por su parte, publicó en X que «fue un honor» trabajar con Trump.
«Ojalá más estadounidenses lo apreciaran. Nadie hará grande a América como él lo ha hecho y sigue haciéndolo», escribió.
Cena con Vance
A pesar de la salida, una fuente cercana al presidente indicó que Trump aún respeta y aprecia a Zacharia como persona. De hecho, la noche del viernes, ella y su familia cenaron con el vicepresidente JD Vance en su residencia, señal de que aún goza de buena imagen en la administración.
Los planes de Zacharia de mudarse con su familia desde California al Este quedaron en pausa. La oferta de Trump, en todo caso, fue amable.
Lo que sí está claro es que Trump se queda sin su vocero principal en la recta final crítica antes del Día de la Elección. El propio presidente dio señales de que no tiene a nadie en mente para el puesto.
«Mucha gente quiere el cargo», afirmó, mientras la búsqueda se reinicia desde cero.
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