Doncic arrasó el primer cuarto; Curry lo mandó al suelo y los Warriors hicieron algo que no se veía desde 1955
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En la jornada inaugural del NBA Cup, los Golden State Warriors firmaron la remontada más rara de la era del reloj de posesión: ir 23 abajo tras el primer cuarto y empatar el marcador antes del medio tiempo. En el centro del espectáculo, un intercambio de golpes entre Stephen Curry y Luka Doncic que no decepcionó a nadie.
El NBA Cup arrancó con un show de proporciones entre Los Angeles Lakers y Golden State Warriors, y en el centro de todo estuvieron dos de las mayores estrellas del baloncesto mundial: Stephen Curry y Luka Doncic, que se dedican a devolverse los golpes cada vez que se cruzan en la cancha.
La velada empezó completamente del lado de Doncic. El esloveno anotó 21 puntos en el primer cuarto y arrastró a los Lakers a una ventaja abrumadora de 38-15 sobre los Warriors. En ese momento, parecía que el partido se iba a resolver con holgura para la franquicia angelina.
Pero lo que sucedió después entrará a los anales del baloncesto moderno como una de las remontadas más inesperadas del primer cuarto al medio tiempo. Los Warriors respondieron con una racha de 38-15 —la misma diferencia, pero del otro lado— para dejar el marcador empatado en 53 antes del descanso.
Con ese desenlace, Golden State se convirtió en el primer equipo de toda la era del reloj de posesión, que data de la temporada 1954-55, en perder por 23 o más puntos tras el primer cuarto y lograr empatar el marcador antes del medio tiempo. Un dato que, en 70 años de historia estadística de la NBA, no tenía precedente alguno.
Pero si el partido ya tenía suficiente drama, Curry decidió subirle la intensidad. En el tercer cuarto, con los Warriors recortando distancia ante los Lakers, el tirador más letal de la historia del baloncesto protagonizó la jugada más memorable de la noche.
Curry le ganó a Doncic en uno y uno, con una secuencia de regates que terminó enviando al esloveno al piso. Desde ahí, sin prisa pero sin pausa, Curry clavó un triple que hizo temblar el Chase Center y que sirvió como declaración de intenciones: la noche recién empezaba.
Doncic, lejos de esconderse, no le tembló el pulso. En el extremo opuesto de la cancha, respondió con su propio lanzamiento para callar al público y demostrar que la batalla entre ambos apenas estaba por comenzar.
Lo que empezó como un monólogo de Doncic terminó convertido en un duelo digno de la NBA: dos estrellas globales, un récord histórico sin precedentes y un partido que demostró por qué el NBA Cup ya se posiciona como uno de los momentos más atractivos del calendario de la liga.
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