El jurado elogiaba 'los silencios' y la sutileza de la novela; el detector encontró a la máquina detrás de ellos
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La novela corta *Donde el agua trabaja*, del autor peruano David Silva Rojas, fue galardonada con el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat en julio de 2026, con un jurado de alto nivel que incluyó a Cristina Rivera Garza. Ahora, el detector Pangram determinó que el 99% del texto de la obra fue generado por inteligencia artificial, y la editorial ha suspendido todos los actos de presentación.
Una novela corta que ganó uno de los premios literarios más destacados del circuito en español resultó estar compuesta en un 99% por texto generado por inteligencia artificial, una de las herramientas mejor valoradas en el mundo para identificar contenido producido por máquinas.
La obra se titula Donde el agua trabaja, es del autor peruano David Silva Rojas y fue escrita en 26.000 palabras. En julio de 2026 recibió el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat, convocado por la editorial mexicana Almadía en conjunto con la fundación española Ventosa Arrufat.
El galardón fue establecido con bases explícitas respecto al uso de inteligencia artificial. Las reglas de participación declaraban:
La participación en el premio implica la declaración expresa de que la obra no ha sido escrita, parcial o totalmente, mediante herramientas de inteligencia artificial. Ante cualquier indicio o sospecha de incumplimiento de esta disposición, la obra será descalificada, independientemente de la fase del en la que se encuentre.
La novela fue seleccionada entre 2.204 manuscritos presentados al concurso. El jurado estuvo conformado por tres autoridades de la literatura latinoamericana: la escritora mexicana Cristina Rivera Garza, la autora argentina Selva Almada y la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda.
El panel emitió un dictamen elogioso sobre la obra, destacando:
El uso de los silencios y la construcción con un lenguaje sutil, oraciones breves como el goteo de los regadores en las viñas, sin caer nunca en la tentación del panfleto ni la declamación.
Tras el galardón, la editorial Almadía publicó el libro en septiembre de 2026 y programó una gira de presentaciones que incluía Madrid, Barcelona, Sevilla y Cádiz. Sin embargo, tras conocerse el veredicto del detector, la editorial decidió suspender todos los actos programados.
El análisis con la versión 4.1 de Pangram sobre el texto completo de la obra arrojó que el 99% del contenido fue generado por un modelo de inteligencia artificial. Se trata del primer caso de esta magnitud en la historia de la literatura en español.
Contactados en las primeras horas de la mañana, los responsables de la editorial Almadía transmitieron su sorpresa ante los hallazgos y aseguraron que en ningún momento del de selección sospecharon del autor. Al ser cuestionados sobre la existencia de borradores o registros de versiones previas del manuscrito, respondieron que la cuestión es compleja y solicitaron tiempo para contactar con el autor y continuar sus propias investigaciones.
Posteriormente, Almadía emitió un comunicado en redes sociales donde informó que el autor niega haber utilizado inteligencia artificial en la redacción de su novela:
Consideramos necesario realizar una revisión detallada, sin anticipar conclusiones y con el cuidado que requiere una valoración que puede afectar a una obra y su autor.
La editorial no ha podido establecer comunicación directa con David Silva Rojas para responder a nuevas indagaciones periodísticas.
Este caso no es un hecho aislado en el panorama literario internacional. Apenas dos días antes de la confirmación del veredicto de Pangram en Donde el agua trabaja, se confirmó que el autor canadiense Thélyson Orélien utilizó inteligencia artificial en la redacción de su novela C'était ça ou mourir, la cual había sido premiada en Francia. En ese caso, la editorial se desvinculó del autor tras una investigación interna.
Además, hace apenas una semana se dio a conocer un análisis de 175 libros populares en el mercado español, según la medición de Pangram. Hasta ese momento, ninguno de los libros premiados analizados mostraba señales de uso de IA. Donde el agua trabaja se convirtió en el primer sospechoso.
David Silva Rojas es abogado especializado en Derecho Penal e investigador. Nació en Ica, al sur de Perú, en 1981, y afirma haber residido desde temprana edad en Toyohashi, Japón, donde habría obtenido el primer lugar en el certamen literario Novo Mundo con un relato escrito en portugués, hechos que no han podido ser verificados de manera independiente. Este año también obtuvo una mención honorífica en el XXIX Concurso de Novela Corta Julio Ramón Ribeyro con la novela La limpieza, que no está disponible en internet.
En entrevistas previas, el autor aseguró que Donde el agua trabaja nació de una investigación académica suya sobre los jornaleros de la agroexportación en Ica, basada en entrevistas directas y visitas a las fincas agrícolas. Es su primera novela publicada.
Silva Rojas también explicó que buscó un estilo literario concreto para la obra. En una entrevista con la revista Ulrica contó que de Japón tomó la idea del haiku y:
Su capacidad de concentrar una experiencia en muy pocos elementos
Ese dato resulta relevante, puesto que los detectores de IA aprenden patrones de estilo, y algunos modelos de inteligencia artificial tienden de forma natural a generar frases muy cortas. No hay pruebas de que ese estilo haya confundido a Pangram, que se basa en patrones invisibles a simple vista, pero la posibilidad no puede descartarse del todo.
Los indicios contra la autoría humana de la obra no se limitan a la novela. El detector atribuyó a inteligencia artificial el 97% de las respuestas de Silva Rojas en la misma entrevista con la revista Ulrica publicada en septiembre. En contraste, el texto de la periodista que firma la conversación, incluyendo la presentación y las preguntas, fue clasificado íntegramente como trabajo humano.
Pangram también atribuyó el 80% de un texto en primera persona publicado en la web de Ventosa Arrufat, en el que el autor describía cómo nació la novela. Dicho escrito, de 924 palabras y redactado en prosa convencional, no coincide con el estilo de frases breves de la obra literaria.
La pregunta sobre la fiabilidad del detector es central en este caso. Pangram no es infalible. En fragmentos cortos, un simple cambio de palabra puede alterar el resultado, aunque en textos largos su estabilidad es significativamente mayor. La empresa sostiene que su tasa de falsos positivos es extremadamente baja, es decir, que rara vez marca como IA un texto escrito por una persona.
Max Spero, consejero delegado de Pangram, explicó en el podcast Mixed Signals que la tasa se mide con millones de textos anteriores a 2022 que se sabe no fueron generados por IA, pero que tampoco forman parte de su conjunto de entrenamiento. El detector clasifica como IA uno de cada 24.000 textos escritos por humanos. En pruebas realizadas con el detector, ninguno de los 56 libros publicados en 2019 y 2020 dio señal de IA, ni tampoco obras recientes de autores como Javier Cercas, Isabel Allende o María Dueñas. El detector identificó correctamente los 29 textos generados con inteligencia artificial en pruebas controladas.
Sin embargo, un caso particular siempre puede ser la excepción. Los detectores reconocen que un texto ha sido generado por IA porque sigue patrones específicos, pero eso no determina qué papel jugó una persona en el . Es posible utilizar la inteligencia artificial para una escritura casi automática, o bien para convertir en prosa fina notas, entrevistas o ideas propias. Un detector no distingue entre ambas situaciones.
El asunto se vuelve aún más delicado al considerar las bases del premio, que excluían no solo obras escritas íntegramente con IA, sino también aquellas elaboradas parcialmente con herramientas de inteligencia artificial.
[REGISTRO DE FUENTES Y COBERTURA CONSULTADA]
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